Foto tomada de: Portafolio
“Ecopetrol es un caso de destrucción de valor”: Minhacienda designado anticipa giro en la política energética
Sector: Energía / Hidrocarburos
Miguel Gómez Martínez, ministro de Hacienda designado del gobierno de Abelardo de la Espriella, cuestionó el deterioro financiero de Ecopetrol, defendió el regreso de la exploración y planteó una política energética enfocada en independencia energética, gas, petróleo y fracking.
Bogotá D.C., julio de 2026. El ministro de Hacienda designado para el gobierno de Abelardo de la Espriella, Miguel Gómez Martínez, anticipó un giro en la política minero-energética de Colombia y lanzó una fuerte crítica al estado financiero de Ecopetrol, empresa que calificó como un caso de “destrucción de valor” durante los últimos años.
En entrevista con Portafolio, Gómez abordó temas como ajuste fiscal, traslado pensional, seguridad, salud y producción minero-energética. Sin embargo, uno de los puntos más sensibles de su intervención fue la situación de la petrolera estatal y la necesidad de fortalecer la exploración de hidrocarburos para reducir la dependencia energética del país.
El funcionario designado afirmó que Ecopetrol llega al cambio de gobierno con un deterioro financiero que obliga a replantear su rumbo. Según su lectura, la compañía no solo representa el principal activo empresarial del Estado, sino también el patrimonio de miles de accionistas colombianos que han visto afectado el valor de su inversión.
La discusión se da en un momento de alta presión para el sector energético. Colombia enfrenta alertas por el Fenómeno de El Niño, déficit de gas natural, reducción de reservas de hidrocarburos, necesidad de generación térmica y debate sobre el papel que deben tener el petróleo, el gas y las energías renovables en la seguridad energética nacional.
Ecopetrol bajo revisión del nuevo Gobierno
Gómez aseguró que Ecopetrol se convirtió en “casi que un caso académico de destrucción de valor”. Para sustentar su posición, señaló que los ingresos y utilidades de la compañía habrían disminuido de manera significativa frente a años anteriores.
La petrolera estatal reportó para 2025 una utilidad neta cercana a $9 billones, con una caída de 39,5% frente a 2024. Los ingresos operacionales cerraron en aproximadamente $119,6 billones, lo que significó una reducción interanual de 10,2%.
Aunque parte del deterioro estuvo asociado a factores externos como menores precios internacionales del crudo, tasa de cambio y ventas más bajas, la nueva administración interpreta el resultado como señal de una pérdida de rumbo estratégico que debe corregirse con mayor actividad exploratoria y recuperación del negocio principal.
“Ecopetrol no es solo la empresa de petróleo de Colombia”
El ministro designado subrayó que Ecopetrol no debe verse únicamente como una empresa petrolera. En su opinión, se trata de la primera empresa del país, con participación mayoritaria de la Nación y con miles de accionistas que también dependen de su desempeño financiero.
Esta lectura conecta la discusión energética con las finanzas públicas. Ecopetrol ha sido históricamente una fuente importante de dividendos para el Estado colombiano, por lo que una caída en sus utilidades puede impactar ingresos fiscales, inversión pública y confianza del mercado.
Gómez planteó que la recuperación de la compañía deberá estar ligada a una estrategia para aumentar exploración, producción y reservas. Según afirmó, “a Ecopetrol hay que volverla a poner en forma” para que pueda ampliar su política de perforación y búsqueda de nuevos recursos.
Exploración y reservas, eje del nuevo enfoque
Uno de los mensajes centrales de Gómez fue la necesidad de recuperar la capacidad exploratoria de Ecopetrol y del país. Para el nuevo Gobierno, aumentar reservas de petróleo y gas será una prioridad vinculada directamente con la seguridad energética.
Colombia ha venido enfrentando preocupaciones por la reducción de reservas de gas natural y por el riesgo de mayor dependencia de importaciones. En años recientes, Ecopetrol ya había advertido sobre déficits crecientes de gas para 2025 y 2026, en un escenario donde el país requeriría mayor flexibilidad regulatoria y nuevas fuentes de suministro.
En ese contexto, la exploración vuelve al centro del debate. Para el próximo gobierno, incrementar reservas no solo sería una decisión empresarial, sino una estrategia para asegurar combustibles, respaldar generación térmica, sostener industria y proteger la economía ante eventos climáticos.
Fracking vuelve a la agenda energética
Miguel Gómez también anticipó que el nuevo Gobierno autorizará nuevamente operaciones de fracking en Colombia. Según explicó, la decisión estaría orientada a fortalecer la producción nacional de energía y enfrentar la caída de reservas de hidrocarburos.
El ministro designado afirmó que se impulsaría un “fracking responsable” en términos ambientales. Su argumento es que Colombia necesita producir más energía, reducir dependencia de importaciones y fortalecer su independencia energética.
La propuesta marca un contraste con la política del gobierno saliente, que rechazó el fracking y promovió una transición energética con menor énfasis en nuevos proyectos fósiles. El regreso de esta tecnología promete abrir un debate técnico, ambiental, social y jurídico de alto impacto.
Una decisión con alta controversia ambiental
El fracking ha sido una de las discusiones más sensibles de la política energética colombiana. Sus defensores sostienen que podría aumentar reservas de gas y petróleo, reducir importaciones, generar ingresos fiscales y fortalecer la seguridad energética.
Sus críticos advierten riesgos ambientales, sociales y territoriales asociados al uso de agua, gestión de fluidos, sismicidad inducida, impactos sobre ecosistemas y conflictos con comunidades. Por eso, cualquier reactivación de esta tecnología requeriría reglas claras, licenciamiento estricto, transparencia, monitoreo independiente y participación ciudadana.
La nueva administración tendrá que decidir si impulsa pilotos, regulación definitiva o proyectos comerciales. En cualquiera de los escenarios, el debate no será solo energético: también involucrará ambiente, territorios, regalías, inversión, seguridad jurídica y confianza pública.
Críticas a la transición energética del gobierno saliente
Gómez también cuestionó la estrategia de transición energética impulsada durante el gobierno de Gustavo Petro. Según dijo, el resultado concreto ha sido una mayor dependencia energética del país, especialmente por la necesidad de importar combustibles y gas.
Para el ministro designado, una transición energética no puede traducirse en pérdida de autosuficiencia. Su planteamiento es que Colombia debe avanzar hacia energías más limpias sin dejar de producir los recursos que necesita para sostener su economía, su sistema eléctrico y su seguridad energética.
Esta visión coincide con la línea que varios gremios del sector han venido defendiendo: una transición gradual, con todas las fuentes disponibles, donde el gas natural actúe como respaldo y donde la exploración de hidrocarburos no se suspenda antes de contar con alternativas suficientes.
Seguridad energética como eje económico
“Sin energía no hay economía”, afirmó Gómez al defender la necesidad de fortalecer la producción interna. La frase resume la orientación que tomaría la política energética del nuevo Gobierno: priorizar independencia energética, oferta interna y disponibilidad de combustibles.
En un país con alta dependencia de generación hidroeléctrica, la disponibilidad de gas natural es clave durante fenómenos de sequía. Cuando los embalses bajan, las plantas térmicas necesitan combustibles para cubrir la demanda. Si el gas local no alcanza, el sistema debe recurrir a importaciones más costosas.
Por eso, el debate sobre Ecopetrol, fracking y exploración no se limita al sector petrolero. Tiene implicaciones directas sobre tarifas eléctricas, confiabilidad del sistema, generación térmica, industria, transporte, cuentas fiscales y balanza comercial.
El Niño aumenta la urgencia de reservas
Gómez resaltó que Colombia enfrentará el próximo Fenómeno de El Niño sin reservas energéticas suficientes. Este punto conecta la política de hidrocarburos con el riesgo climático que viene presionando al sector eléctrico.
Un El Niño intenso reduce lluvias y aportes a embalses. En esas condiciones, el sistema eléctrico necesita más respaldo térmico. Si al mismo tiempo hay déficit de gas, restricciones de transporte o altos costos de importación, los precios de energía pueden subir y la confiabilidad se reduce.
En este escenario, la nueva administración considera que la exploración y producción de gas son herramientas para preparar al país frente a sequías, eventos climáticos extremos y crecimiento de la demanda eléctrica.
Ecopetrol y la confianza de inversionistas
La crítica de Gómez también apunta a la confianza del mercado. Ecopetrol cotiza en bolsa y tiene miles de accionistas minoritarios. Por eso, las decisiones de política energética, gobierno corporativo, exploración e inversión afectan no solo al Estado, sino también a inversionistas privados.
Durante los últimos años, analistas han señalado que la empresa enfrentó presiones por menores utilidades, dudas sobre su estrategia, caída de precios internacionales y tensiones alrededor de su gobierno corporativo. Para el nuevo Gobierno, recuperar credibilidad será un paso clave.
Esto podría implicar cambios en la junta directiva, revisión de la estrategia corporativa, priorización de exploración, fortalecimiento del negocio de hidrocarburos y mayor disciplina financiera.
Hidrocarburos y transición no tendrían que ser excluyentes
Uno de los debates que deberá resolver el nuevo Gobierno es cómo combinar exploración de hidrocarburos con transición energética. La posición de Gómez sugiere que el Ejecutivo buscará una política donde petróleo y gas sigan siendo pilares de la seguridad energética mientras avanzan otras fuentes.
Este enfoque puede abrir espacio para una transición energética más pragmática, centrada en garantizar abastecimiento, reducir dependencia externa y mantener inversión. Sin embargo, también enfrentará críticas si se percibe como un retroceso frente a compromisos climáticos o protección ambiental.
La clave estará en definir metas claras: aumentar reservas sin desconocer la descarbonización, impulsar gas como respaldo sin bloquear renovables, y fortalecer Ecopetrol sin sacrificar su diversificación de largo plazo.
Gas natural, prioridad para electricidad e industria
El gas natural será uno de los ejes más importantes de la nueva política. Este combustible es usado por hogares, industria, transporte y generación térmica. Su disponibilidad afecta directamente la economía y el sistema eléctrico.
Si Colombia no aumenta su oferta local, deberá importar más gas natural licuado. Esa opción puede ser necesaria en el corto plazo, pero expone al país a precios internacionales, logística portuaria, infraestructura de regasificación y transporte hacia el interior.
Por eso, el Gobierno entrante apunta a que Ecopetrol y el sector privado aumenten exploración y producción. El objetivo declarado es reducir dependencia energética y evitar que el país enfrente sequías con reservas insuficientes.
Política energética como política fiscal
La intervención de Gómez también muestra que la energía será una pieza de la estrategia fiscal. Ecopetrol aporta dividendos, impuestos, regalías e inversión. Cuando la compañía pierde rentabilidad, el impacto se siente en las cuentas públicas.
A su vez, una política energética que aumente importaciones puede presionar la balanza comercial y elevar costos para el sistema productivo. Por eso, el Ministerio de Hacienda tendrá interés directo en la recuperación de la petrolera y en la producción local de recursos energéticos.
El reto estará en equilibrar ingresos fiscales, sostenibilidad ambiental, inversión privada, estabilidad de tarifas y compromisos climáticos. La nueva administración deberá demostrar que el giro energético puede generar valor sin aumentar riesgos ambientales o sociales.
Lo que podría cambiar en Ecopetrol
A partir de las declaraciones del ministro designado, es previsible que el nuevo Gobierno impulse cambios en la estrategia de Ecopetrol. Entre ellos podrían estar una mayor prioridad a exploración, perforación, aumento de reservas, desarrollo de gas, proyectos costa afuera y revisión de inversiones no centrales.
También podría fortalecerse el enfoque de rentabilidad y creación de valor para accionistas. Esto no necesariamente eliminaría inversiones en transición energética, pero sí podría subordinarlas a una visión donde el negocio de hidrocarburos conserve el papel principal en ingresos y seguridad energética.
La empresa deberá responder a dos presiones simultáneas: recuperar valor financiero y prepararse para una economía que, en el largo plazo, exigirá menores emisiones. Ese equilibrio será una de las decisiones estratégicas más complejas para la próxima administración.
Un giro que impactará a todo el sector
El cambio de enfoque no solo afectará a Ecopetrol. También puede incidir en empresas de exploración y producción, transporte de gas, refinación, generación térmica, distribución de combustibles, proveedores industriales, regiones productoras y comunidades donde se desarrollen proyectos.
Para los inversionistas, un giro hacia exploración podría mejorar señales de largo plazo. Para los ambientalistas, podría encender alertas por fracking y expansión fósil. Para los usuarios, el impacto dependerá de si la mayor oferta logra traducirse en seguridad energética y costos más estables.
La transición entre gobiernos será clave para conocer si las declaraciones se convierten en medidas concretas: nuevos contratos, cambios regulatorios, impulso a pilotos, reforma institucional o ajustes en la administración de Ecopetrol.
Energía importada, una preocupación central
Gómez insistió en que depender cada vez más de energía importada “no es bueno” para el país. Su preocupación apunta a la vulnerabilidad que se genera cuando una economía no controla suficientes fuentes propias de suministro.
La dependencia de importaciones puede elevar costos, exponer al país a choques internacionales y reducir la capacidad de respuesta ante emergencias. En el caso del gas, además, la importación exige infraestructura especializada y coordinación logística.
Para el ministro designado, la independencia energética será una condición para sostener crecimiento económico. En su visión, Colombia debe recuperar producción interna y evitar que la transición energética se traduzca en menor autonomía.
Debate abierto sobre el rumbo energético
Las declaraciones de Miguel Gómez anticipan una discusión intensa sobre el futuro energético de Colombia. El país deberá decidir cuánto peso dará al petróleo y al gas, cómo incorporará energías renovables, qué hará con el fracking y cómo financiará la seguridad energética.
La nueva administración recibe un sector con alertas: utilidades reducidas en Ecopetrol, déficit de gas, llegada de El Niño, presión sobre generación térmica, precios de energía volátiles y necesidad de inversión en exploración, transmisión y generación.
Al mismo tiempo, Colombia cuenta con oportunidades: potencial costa afuera, recursos no convencionales, experiencia petrolera, infraestructura existente, capacidad de Ecopetrol y una matriz eléctrica que puede diversificarse con renovables, almacenamiento y gas.
El giro anunciado por el ministro de Hacienda designado plantea una hoja de ruta clara: recuperar Ecopetrol, aumentar exploración, permitir fracking bajo criterios ambientales, fortalecer reservas de gas y petróleo, y poner la seguridad energética como eje económico del nuevo Gobierno.

