Evitar un apagón debe ser prioridad ante El Niño y el debate por gas y renovables

Publicado por Japs Equipos Electricos

Fuente: La República

Publicado el: 2026-06-03

Categoria: Noticia Nacional

Evitar un apagón en Colombia ante el Fenómeno de El Niño y el debate entre gas y energías renovables

Foto tomada de: La República

Antes que nada, evitar el apagón: el reto energético de Colombia ante El Niño

Sector: Energía / Opinión

La discusión sobre la subasta del cargo por confiabilidad abrió un debate clave: Colombia necesita acelerar la transición energética, pero también garantizar energía firme para evitar riesgos de racionamiento.

Bogotá D.C., junio de 2026. El debate energético en Colombia volvió a intensificarse tras la reciente subasta del cargo por confiabilidad para el periodo 2029-2030, en la que se adjudicaron proyectos térmicos a gas, solares y eólicos. Mientras el presidente Gustavo Petro cuestionó el resultado y afirmó que El Niño debe enfrentarse con energía solar, otros analistas advierten que la prioridad inmediata debe ser evitar un apagón.

En una columna publicada en La República, Ciro Rodríguez Pinzón señaló que el país no puede reducir la discusión a una confrontación entre gas y energía solar. Según su análisis, el problema central no es elegir una tecnología contra otra, sino garantizar que el sistema eléctrico tenga energía disponible cuando más la necesita, especialmente durante una sequía fuerte asociada al Fenómeno de El Niño.

La alerta se da en un momento en el que las señales del sistema eléctrico se deterioran. El Ideam advierte sobre la posible llegada de un Fenómeno de El Niño fuerte durante el segundo semestre de 2026, con una probabilidad superior al 90%. Además, los embalses rondan el 64%, cuando, de acuerdo con el análisis citado, deberían estar por encima del 80% para enfrentar con mayor tranquilidad un periodo seco prolongado.

La preocupación es mayor porque Colombia depende ampliamente de la generación hidráulica. En un país donde cerca de siete de cada diez bombillas se encienden gracias al agua, los niveles de embalses no son un dato menor: son una señal directa sobre la capacidad del sistema para responder ante menores lluvias, mayor demanda y precios de energía más altos.

La subasta abrió un debate sobre confiabilidad y transición energética

La subasta del cargo por confiabilidad para 2029-2030 adjudicó nueva capacidad de generación con participación de tecnologías térmicas, solares y eólicas. Este mecanismo busca asegurar energía disponible en momentos críticos, especialmente cuando el sistema enfrenta condiciones de escasez o baja hidrología.

El debate surgió porque parte de la capacidad adjudicada corresponde a plantas térmicas a gas, tecnología que algunos sectores cuestionan por su vínculo con combustibles fósiles. Sin embargo, para otros actores del sector, ese respaldo sigue siendo necesario mientras el país desarrolla fuentes renovables firmes, almacenamiento y redes capaces de sostener la operación en condiciones extremas.

De acuerdo con la columna, la discusión está mal enfocada cuando se plantea como una oposición entre “gas o sol”. Las fuentes de energía no se reemplazan de manera inmediata: conviven, se acumulan y cumplen funciones distintas dentro del sistema. Por eso, el reto no es descartar una tecnología por razones ideológicas, sino definir qué combinación permite garantizar confiabilidad, costos razonables y reducción de emisiones.

Capacidad instalada no es lo mismo que energía firme

Uno de los puntos centrales del análisis es la diferencia entre capacidad instalada y energía firme. La capacidad instalada indica cuánto puede producir una planta en condiciones ideales, mientras que la energía firme mide la electricidad que realmente puede estar disponible en momentos críticos, por ejemplo, en la noche, sin viento o durante una sequía.

Según la columna, la energía solar representó cerca del 38% de la capacidad adjudicada en la subasta, pero apenas el 7,7% de la energía firme. Esta diferencia muestra que, aunque las renovables son indispensables para la transición energética, todavía se requieren mecanismos de respaldo para asegurar suministro cuando estas fuentes no están disponibles.

En un sistema mayoritariamente hidráulico, una sequía prolongada puede reducir la generación de las plantas que dependen del agua. En ese escenario, el respaldo térmico sigue funcionando como un seguro para evitar que el sistema colapse cuando deja de llover.

La reflexión no implica que Colombia deba resolver su confiabilidad futura únicamente con más gas. Por el contrario, la columna advierte que depender solo de combustibles fósiles también puede atar al país al pasado y dificultar la descarbonización.

Cuatro decisiones urgentes para evitar un apagón

Ante el riesgo climático y energético de 2026, el análisis plantea que lo inmediato es evitar un apagón a fin de año. Para ello, propone cuatro decisiones que no dan espera.

La primera es preservar los embalses mediante un despacho más eficiente. Esto implica administrar mejor el uso del agua para generación eléctrica, evitando gastar anticipadamente reservas que podrían ser necesarias durante los meses más críticos de El Niño.

La segunda es asegurar la regasificación y el suministro de gas. Si el sistema necesita mayor generación térmica durante una sequía, debe contar con combustibles suficientes para operar las plantas de respaldo sin interrupciones.

La tercera es reducir el riesgo financiero. Las deudas del sector eléctrico, la crisis de comercializadores y la presión sobre generadores pueden afectar la operación del sistema si no se corrigen a tiempo.

La cuarta es activar medidas del lado de la demanda, como ahorro de energía, eficiencia energética y gestión del consumo. Reducir la demanda en momentos críticos puede ser una de las formas más rápidas de aliviar la presión sobre el sistema.

El recuerdo del racionamiento de 1992 y 1993

El análisis recuerda que el último racionamiento eléctrico en Colombia, ocurrido entre 1992 y 1993, tuvo un costo estimado de entre 2% y 3% del PIB. Esa experiencia dejó una lección clara: cuando falla la energía, los impactos no se limitan al sector eléctrico, sino que golpean productividad, empleo, industria, comercio y vida cotidiana.

Evitar un nuevo apagón debe ser una prioridad de política pública. El país no solo debe discutir qué tecnología prefiere, sino cómo garantiza suministro continuo, asequible y seguro mientras avanza en la transformación de su matriz energética.

En escenarios de El Niño, la confiabilidad depende de una coordinación cuidadosa entre embalses, generación térmica, gas, renovables, comercializadores, usuarios y autoridades. Si alguno de estos componentes falla, el sistema puede enfrentar mayor riesgo operativo y financiero.

Hacia una firmeza descarbonizada

Más allá de la emergencia inmediata, la columna plantea que Colombia debe avanzar hacia una firmeza descarbonizada. Esto significa construir capacidad de respaldo baja en emisiones, capaz de complementar la generación renovable sin depender indefinidamente de combustibles fósiles.

Entre las alternativas mencionadas aparecen el almacenamiento con baterías, la geotermia, hidroeléctricas de embalse con reglas de operación más estrictas y una política agresiva de eficiencia energética. Estas soluciones podrían reducir la necesidad de recurrir al gas cada vez que el país enfrenta una sequía.

El diseño futuro del cargo por confiabilidad debería incorporar esta discusión. Si el mecanismo sigue premiando únicamente la disponibilidad tradicional, puede perpetuar la dependencia térmica. Pero si evoluciona para reconocer firmeza limpia, almacenamiento y gestión de demanda, puede convertirse en una herramienta para acelerar una transición energética más segura.

Ni gas contra sol, ni transición sin confiabilidad

El fondo del debate es que Colombia necesita evitar dos extremos: negar la importancia de la transición energética o ignorar los riesgos de confiabilidad. La energía solar y eólica son fundamentales para reducir emisiones y diversificar la matriz, pero el sistema requiere respaldo cuando no hay sol, viento o agua suficiente.

El gas puede cumplir temporalmente una función de seguro, pero no debe convertirse en la única respuesta estructural. El país necesita construir un sistema que combine renovables, almacenamiento, eficiencia, redes modernas, gestión de demanda y fuentes firmes bajas en carbono.

La discusión pública, por tanto, debería pasar de la confrontación tecnológica a la planeación responsable. El objetivo no es defender una fuente por encima de otra, sino evitar que los usuarios, las empresas y las regiones sufran las consecuencias de una política energética insuficiente.

Como concluye el análisis publicado por La República, cuando falla la energía no fracasa una tecnología específica: fracasa la política pública frente a los ciudadanos. En 2026, la prioridad inmediata será evitar el apagón; la tarea de fondo será construir una confiabilidad energética compatible con la descarbonización.

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