Foto tomada de: Portafolio
Costos energéticos podrían llegar al 20% de los gastos operativos en los sectores productivos más expuestos
Sector: Energía / Competitividad, industria y seguridad energética
El Fenómeno de El Niño 2026-2027, la menor disponibilidad hídrica y una mayor dependencia de generación térmica podrían aumentar los costos energéticos de las empresas colombianas. Un análisis de Anif junto con el Cree advierte que la energía puede representar cerca del 20% de los gastos operativos en los sectores productivos más expuestos y alrededor del 10% en algunos segmentos manufactureros.
Bogotá D.C., septiembre de 2026. El comportamiento del sistema energético colombiano empieza a convertirse en un factor cada vez más relevante para la competitividad de las empresas. La combinación entre un Fenómeno de El Niño intenso, menores aportes hídricos, mayor generación térmica y creciente dependencia de gas importado podría trasladarse directamente a la estructura de costos de distintos sectores productivos.
De acuerdo con un informe elaborado por Anif junto con el Cree, el componente energético puede representar cerca del 20% de los costos operativos en las actividades económicas más expuestas.
En algunos segmentos manufactureros, esta participación puede ubicarse alrededor del 10%, lo que significa que una subida sostenida del precio de la electricidad o del gas puede tener efectos importantes sobre márgenes, inversión y precios finales.
El escenario resulta especialmente sensible porque el sistema eléctrico colombiano mantiene una alta participación de generación hidroeléctrica y debe recurrir en mayor proporción a centrales térmicas cuando disminuye la disponibilidad de agua.
Energía puede representar hasta 20% de los costos operativos
El peso de la energía dentro de la estructura de costos varía considerablemente entre actividades económicas.
En industrias intensivas en electricidad, calor, refrigeración, bombeo o maquinaria, este insumo puede representar una porción significativa de los gastos recurrentes.
El informe citado señala que en los sectores productivos más expuestos el componente energético puede acercarse al 20% de los gastos operativos.
En algunas actividades manufactureras se ubica alrededor del 10%, nivel suficientemente alto para que un incremento sostenido de tarifas termine afectando rentabilidad y competitividad.
Un aumento puede reducir márgenes empresariales
Las empresas tienen varias alternativas cuando aumenta el precio de la energía, pero todas implican costos.
Una compañía puede absorber el incremento y reducir su margen operativo, trasladarlo total o parcialmente al precio de sus productos o intentar compensarlo mediante eficiencia y reducción de otros gastos.
Cuando los aumentos son prolongados, la capacidad de absorberlos se reduce y las compañías pueden empezar a trasladar una mayor proporción al consumidor.
De esta manera, un problema inicialmente energético puede convertirse posteriormente en una presión inflacionaria.
Colombia depende ampliamente de la generación hidráulica
El análisis señala que alrededor del 62% de la matriz eléctrica colombiana depende de fuentes hidráulicas.
Esta característica ha permitido históricamente contar con una matriz relativamente limpia y competitiva frente a sistemas con mayor dependencia de combustibles fósiles.
Sin embargo, también hace que el precio y la disponibilidad de electricidad sean sensibles a las lluvias y al nivel de los embalses.
Cuando los aportes hídricos disminuyen, el sistema necesita reemplazar parte de esa generación mediante otras tecnologías.
El Niño aumenta la dependencia de las térmicas
Los episodios anteriores de El Niño muestran cómo cambia la matriz eléctrica durante periodos secos.
En los fenómenos de 2009-2010, 2015-2016 y 2023-2024, la generación hidráulica disminuyó mientras aumentó la participación de centrales que utilizan combustibles fósiles.
Ese mismo patrón podría repetirse si el episodio actual reduce significativamente los aportes a los embalses.
La generación térmica aporta confiabilidad y firmeza, pero sus costos variables suelen ser superiores, especialmente cuando requiere gas importado o combustibles líquidos.
Embalses se convierten en indicador clave
La evolución de las reservas hídricas será determinante para los precios eléctricos durante los próximos meses.
El informe señala que durante 2026 el volumen útil de los embalses ha permanecido por debajo de la senda de referencia regulatoria en distintos momentos.
Para septiembre, el nivel citado se ubicaba alrededor de 77,9%.
La preocupación aumenta hacia 2027, cuando algunos escenarios proyectan una reducción considerable de las reservas si se materializan condiciones hidrológicas deficitarias.
Reservas podrían caer hasta 36,3% en abril
Anif ha señalado que, bajo un escenario de hidrología deficitaria, las reservas del Sistema Interconectado Nacional podrían disminuir hasta aproximadamente 36,3% en abril de 2027.
Una caída de esta magnitud obligaría a conservar con mayor cuidado el agua almacenada y aumentaría el despacho de generación térmica.
También reduciría el margen disponible frente a aumentos de demanda, mantenimientos o indisponibilidad de otros recursos.
El gas se convierte en otro punto de vulnerabilidad
El problema es que una mayor generación térmica coincide con un mercado nacional de gas que también enfrenta dificultades estructurales.
La producción doméstica viene registrando una tendencia descendente, mientras Colombia depende cada vez más de importaciones para atender la demanda.
Anif advierte que este deterioro aumenta la exposición del país a precios internacionales y limita la autonomía del sistema para responder a eventos climáticos adversos.
Reservas probadas de gas equivalen a 5,9 años
Uno de los indicadores más sensibles es la relación entre reservas probadas y producción.
Las reservas probadas de gas en Colombia equivalen actualmente a aproximadamente 5,9 años de producción.
Anif señala que este horizonte se ha reducido de manera importante durante la última década y se encuentra por debajo del registrado en otros mercados de la región.
Esta reducción obliga al país a acelerar nuevos proyectos o depender progresivamente de importaciones para garantizar suministro.
Más de 30% del consumo de gas ya depende de importaciones
La participación del gas importado ha crecido rápidamente.
De acuerdo con Anif, las importaciones pasaron de representar menos del 3% del suministro nacional entre 2015 y 2023 a superar el 30% del consumo nacional en 2026.
El análisis citado por Portafolio ubica la dependencia alrededor de 30,8%.
Esta proporción podría continuar aumentando si la producción doméstica sigue cayendo y El Niño obliga a utilizar más gas para generación eléctrica.
Importar gas también implica mayor exposición internacional
La importación permite cubrir parte de la brecha inmediata de abastecimiento, pero introduce nuevos riesgos.
El precio depende de mercados internacionales, transporte, regasificación y tasa de cambio.
Además, las crisis geopolíticas pueden afectar simultáneamente la disponibilidad física del gas y su precio.
Esto significa que una mayor dependencia internacional puede trasladar choques externos al costo energético colombiano.
Inflación podría aumentar entre 60 y 70 puntos básicos
La presión energética puede extenderse al comportamiento general de los precios.
El informe estima que El Niño podría añadir entre 60 y 70 puntos básicos a la inflación.
El choque se produciría principalmente a través de dos componentes: alimentos y energía.
Ambos representan una parte relevante de la canasta de consumo y responden directamente a las condiciones climáticas.
Alimentos y energía representan cerca de 19% de la canasta
Según el análisis citado, alimentos y energía representan cerca del 19% de la canasta de consumo de los hogares.
Esto hace que una sequía pueda afectar simultáneamente el precio de productos agrícolas y el costo de servicios energéticos.
La combinación puede amplificar el impacto inflacionario y reducir la capacidad de compra de los hogares.
Agricultura también enfrenta riesgos climáticos
Las altas temperaturas y el déficit de lluvias pueden afectar rendimientos agrícolas y disponibilidad de algunos productos.
Buena parte de los déficits de precipitación asociados a El Niño suelen concentrarse en zonas del centro y norte del país, donde existe una participación significativa de la producción agropecuaria.
Una reducción de oferta puede elevar los precios de alimentos y aumentar simultáneamente el costo de las materias primas para industrias procesadoras.
Empresas pueden trasladar el aumento al consumidor
Cuando la energía representa una parte considerable del costo total, un incremento prolongado difícilmente puede absorberse indefinidamente.
Las empresas pueden responder ajustando precios finales, especialmente cuando no existe suficiente margen para mejorar productividad o reducir otros gastos.
El efecto termina entonces pasando desde el sector eléctrico hacia la inflación de bienes y servicios.
La capacidad de trasladar los costos dependerá de la competencia, demanda y estructura de cada mercado.
Competitividad puede deteriorarse
El costo energético también afecta la capacidad de las empresas colombianas para competir.
Un productor local que paga más por electricidad o gas puede enfrentar una desventaja frente a bienes importados fabricados en países con menores costos energéticos.
El mismo problema aparece en las exportaciones: una estructura de costos más elevada puede reducir márgenes o hacer que los productos colombianos resulten menos competitivos internacionalmente.
Por esta razón, Anif considera que contar con energía suficiente y competitiva es una condición para sostener el crecimiento económico.
Industria intensiva en energía es la más vulnerable
Los efectos no serán iguales para todas las empresas.
Actividades con maquinaria pesada, hornos, refrigeración, bombeo, climatización o procesos continuos tienen una exposición mayor.
En estos casos, reducir el consumo puede ser difícil sin afectar directamente la producción.
La eficiencia energética y los contratos de suministro se convierten en herramientas importantes para mitigar parte de la volatilidad.
Sector minero-energético acumula más de una década de rezago
La coyuntura climática se suma a un problema estructural.
Anif señala que el valor agregado del sector de minas y canteras se encuentra aproximadamente 30% por debajo de su nivel de 2013.
En contraste, el PIB total de Colombia creció aproximadamente 37,4% durante ese mismo periodo.
Esto significa que la actividad minero-energética ha perdido peso relativo frente al resto de la economía.
Producción de petróleo ronda 735.000 barriles diarios
El informe también señala una menor producción de hidrocarburos.
Durante 2026, la producción de petróleo se ha ubicado alrededor de 735.000 barriles diarios.
Una producción inferior reduce exportaciones potenciales, ingresos fiscales y disponibilidad de recursos para el sector.
En el caso del gas, la caída tiene además una consecuencia directa sobre la seguridad energética porque incrementa las necesidades de importación.
Recaudo fiscal del sector también ha disminuido
El rezago productivo se refleja en las cuentas públicas.
Según las cifras citadas, el recaudo de renta corporativa del sector pasó de aproximadamente $20,5 billones en 2012 a $4,4 billones en 2025, medido en pesos constantes.
El análisis estima además que, si los niveles de producción de petróleo y minería se hubieran mantenido, el recaudo de 2025 habría sido aproximadamente $6 billones superior.
Este deterioro muestra que los cambios en el sector tienen efectos que van más allá del suministro de energía.
Hidrocarburos tienen un aporte fiscal elevado
Anif señala que el sector de hidrocarburos genera aproximadamente 2,8 veces más ingresos fiscales por cada peso de PIB que la industria manufacturera.
A esto se suman regalías y divisas provenientes de las exportaciones.
Esta característica explica por qué la discusión sobre petróleo y gas también tiene implicaciones sobre las finanzas públicas y la disponibilidad de recursos para inversión.
Colombia todavía tiene recursos de gas por desarrollar
A pesar del deterioro de las reservas probadas, el país todavía cuenta con recursos contingentes y prospectivos.
Estos recursos no pueden considerarse reservas hasta completar estudios y demostrar que pueden desarrollarse técnica y comercialmente.
Sin embargo, su eventual conversión podría ampliar la oferta durante la próxima década.
Para conseguirlo serán necesarias exploración, infraestructura y resolución de cuellos de botella contractuales, ambientales y sociales.
Proyectos offshore adquieren mayor importancia
Los desarrollos costa afuera del Caribe concentran parte importante del potencial adicional de gas.
Proyectos como Sirius podrían aumentar significativamente la disponibilidad doméstica durante la próxima década.
Sin embargo, estas iniciativas requieren varios años para completar desarrollo, infraestructura submarina, transporte y conexión con los mercados.
Esto significa que no pueden resolver inmediatamente las necesidades de abastecimiento que enfrenta Colombia durante 2026 y 2027.
Regasificación seguirá siendo necesaria en el corto plazo
Mientras nueva producción nacional entra al mercado, las importaciones de gas seguirán siendo necesarias.
La infraestructura de regasificación permite recibir gas natural licuado proveniente de otros países y transformarlo nuevamente para su utilización dentro del sistema.
Durante El Niño, este recurso resulta especialmente importante para garantizar suficiente combustible al parque térmico.
Regasificadora del Pacífico diversificaría el abastecimiento
El informe identifica la Regasificadora del Pacífico como una infraestructura que podría diversificar los puntos de entrada de gas al país.
Su ubicación permitiría reforzar el abastecimiento del suroccidente y ofrecer una alternativa adicional frente a la infraestructura actualmente concentrada en la Costa Caribe.
Sin embargo, Anif advierte que la regasificación debe entenderse como un complemento y no como sustituto de la producción nacional.
Importar gas resuelve una brecha inmediata, pero no modifica por sí mismo la tendencia descendente de la oferta doméstica.
Seguridad, precio y sostenibilidad forman el trilema energético
El reto colombiano puede resumirse en tres objetivos que deben avanzar simultáneamente.
El primero es garantizar la seguridad del suministro, evitando que hogares y empresas enfrenten restricciones.
El segundo es mantener precios competitivos, evitando que la energía se convierta en una barrera para hogares, industria e inversión.
El tercero es avanzar en sostenibilidad ambiental y reducción de emisiones.
Conseguir los tres objetivos simultáneamente constituye el denominado trilema energético.
Una transición costosa puede afectar la competitividad
La transición energética exige nuevas inversiones en generación, redes, almacenamiento e infraestructura.
Si ese proceso genera aumentos excesivos de costos antes de que existan alternativas competitivas, algunas actividades productivas pueden enfrentar dificultades.
El reto es incorporar nuevas fuentes y reducir emisiones sin comprometer la confiabilidad ni deteriorar los costos relativos de producción.
Seguridad jurídica entra en la ecuación
Anif también plantea la necesidad de recuperar inversión en el sector mediante reglas claras y mayor seguridad jurídica.
Generación, exploración, gasoductos, regasificación y transmisión son proyectos intensivos en capital que necesitan horizontes de varios años.
La incertidumbre regulatoria puede retrasar decisiones y elevar el costo de financiación.
Esto termina afectando la velocidad con la que nueva oferta llega al sistema.
Eficiencia energética será clave para las empresas
Frente a un escenario de mayores costos, las empresas pueden reducir parte de la exposición mediante eficiencia.
Motores eficientes, mantenimiento preventivo, automatización, medición de cargas, iluminación LED, optimización de climatización y gestión de horarios pueden disminuir el consumo por unidad producida.
En industrias intensivas en electricidad, pequeñas mejoras porcentuales pueden traducirse en ahorros relevantes cuando se aplican sobre grandes volúmenes de consumo.
Autogeneración también puede reducir exposición
Para determinadas empresas, la generación solar en techos o terrenos propios puede complementar la electricidad comprada a la red.
La viabilidad depende del perfil de consumo, disponibilidad de espacio, financiación y condiciones técnicas de conexión.
Cuando el consumo se concentra durante el día, la energía solar puede reducir parte de la compra en horas de radiación y ofrecer una mayor previsibilidad de costos.
Contratos de energía ayudan a administrar volatilidad
Otra herramienta empresarial es la contratación de energía a plazos más largos.
Los contratos pueden reducir la exposición directa al precio diario de bolsa y dar mayor certeza presupuestal.
Esto resulta particularmente relevante durante periodos de El Niño, cuando la generación térmica puede elevar los precios del mercado mayorista.
El impacto puede llegar al consumidor final
Si el costo energético aumenta en diferentes sectores al mismo tiempo, parte del choque puede trasladarse progresivamente a bienes y servicios.
Esto amplía el efecto de El Niño más allá del recibo de electricidad.
Alimentos procesados, transporte, materiales, manufacturas y servicios pueden incorporar indirectamente mayores costos energéticos.
Por eso, la disponibilidad de energía a precios competitivos tiene implicaciones macroeconómicas.
El comportamiento de los embalses será determinante
Durante los próximos meses, uno de los principales indicadores será la velocidad con la que desciendan las reservas hídricas.
Si los aportes se mantienen bajos y la demanda continúa creciendo, el sistema tendrá que depender durante más tiempo de fuentes térmicas.
En cambio, mejores lluvias o una gestión efectiva de la demanda podrían reducir parte de esa presión.
Gas será el otro indicador crítico
La segunda variable será la disponibilidad y el precio del gas.
El sistema necesita combustible suficiente para mantener la generación térmica cuando disminuya la hidroelectricidad.
Si la producción nacional continúa bajando, el volumen importado deberá aumentar o el sistema tendrá que recurrir a otros combustibles más costosos.
Esta relación conecta directamente las políticas de gas con las tarifas eléctricas y con los costos de las empresas.
El problema es coyuntural y estructural al mismo tiempo
El Niño representa un choque temporal, pero está actuando sobre problemas que vienen acumulándose desde hace varios años.
Reservas de gas más bajas, menor producción, retrasos de infraestructura y débil crecimiento del sector minero-energético son problemas estructurales.
Por eso, superar la temporada seca no resolverá automáticamente las vulnerabilidades del sistema.
El país necesitará nuevas inversiones para evitar que la siguiente sequía encuentre nuevamente un margen reducido.
Energía competitiva es una condición para volver a crecer
Anif plantea que recuperar el dinamismo minero-energético tiene implicaciones directas para el crecimiento económico.
Una oferta suficiente puede contener presiones sobre precios, mejorar las cuentas fiscales y reducir riesgos para la industria.
El desafío será combinar soluciones inmediatas —como importaciones y generación térmica— con inversiones de mayor plazo que recuperen oferta nacional y diversifiquen la matriz.
En los sectores productivos más expuestos, donde la energía puede representar aproximadamente 20% de los gastos operativos, la evolución de El Niño será especialmente relevante. Menores reservas hídricas pueden aumentar la utilización de generación térmica justo cuando Colombia depende de importaciones para más de 30% de su consumo de gas. El aumento de estos costos puede reducir márgenes empresariales o trasladarse a los consumidores, afectando competitividad e inflación. Anif advierte además que las reservas probadas de gas equivalen a solo 5,9 años de producción y que, bajo un escenario de hidrología deficitaria, los embalses podrían descender hasta cerca de 36,3% en abril de 2027.

