Foto tomada de: Valora Analitik
Colombia enfrenta riesgos de racionamiento eléctrico bajo un Niño intenso
Sector: Energía / Confiabilidad eléctrica
Empresarios y gremios del sector energético advierten que un Fenómeno de El Niño prolongado, sumado a restricciones de transmisión, déficit de gas y rezagos en nueva generación, podría elevar el riesgo de racionamientos eléctricos en algunas zonas del país.
Bogotá D.C., junio de 2026. Colombia se encuentra bajo los efectos de un Fenómeno de El Niño que podría convertirse en uno de los eventos climáticos más fuertes de las últimas décadas. La situación ha encendido alertas en sectores como el agro, la ganadería, el agua potable y, especialmente, la energía eléctrica.
De acuerdo con Valora Analitik, empresarios y gremios del sector energético advierten que, si el fenómeno se prolonga y coincide con bajos niveles de embalses, restricciones en redes de transmisión, falta de nueva generación y limitaciones en el suministro de gas, el país podría enfrentar riesgos de apagones o racionamientos en determinadas zonas.
Aunque los actores del sector no han afirmado que vaya a presentarse un apagón generalizado, sí señalan que el margen de maniobra del sistema eléctrico colombiano se ha reducido. La preocupación se concentra en la capacidad real de atender la demanda durante un verano intenso, cuando la generación hidroeléctrica disminuye y las plantas térmicas deben asumir un mayor peso.
Freddy Zuleta, gerente de Enlaza, compañía que opera proyectos del Grupo Energía Bogotá (GEB), advirtió que un Fenómeno de El Niño prolongado afectaría a toda la población, independientemente de su nivel socioeconómico. Según explicó, el riesgo no depende únicamente de la generación, sino también de las limitaciones del sistema de transmisión.
Sabana de Bogotá y Boyacá, entre las zonas con más presión
Zuleta señaló que la zona de la Sabana de Bogotá hacia Boyacá es una de las regiones con mayor riesgo de sufrir restricciones en su oferta de energía. En su análisis, el problema combina varios factores: retraso en la entrada de plantas, ausencia de generación eólica que podría venir de La Guajira, limitaciones de transmisión y un suministro de gas insuficiente o costoso.
El ejecutivo explicó que no han entrado todas las fuentes que podrían respaldar el sistema. Mencionó, entre otros puntos, que no ha ingresado toda la capacidad esperada de Hidroituango, que la generación eólica de La Guajira sigue enfrentando retrasos y que no existen suficientes líneas para conectar todas las fuentes al mismo tiempo.
Esta combinación aumenta el riesgo de restricciones, especialmente en zonas donde la demanda crece y la red no cuenta con suficiente holgura para conectar nuevos proyectos industriales, centros de datos o desarrollos de expansión económica.
El problema no solo está en los usuarios ya conectados
Zuleta aclaró que actualmente los usuarios conectados siguen recibiendo energía, lo que puede generar una percepción de normalidad. Sin embargo, advirtió que desde hace meses, e incluso años, algunos proyectos de crecimiento no han podido recibir nuevas disponibilidades de servicio.
Esto significa que el riesgo energético también se expresa en inversión que no se materializa. Proyectos industriales, centros de datos y nuevas cargas que podrían generar empleo y desarrollo en el centro del país han tenido que frenarse o aplazarse por restricciones en la capacidad del sistema.
En ese sentido, el racionamiento no debe entenderse únicamente como cortes de energía a hogares. También puede manifestarse como incapacidad para conectar nueva demanda, menor crecimiento industrial, retraso de inversiones y pérdida de oportunidades económicas.
Hidroeléctricas bajo presión por baja hidrología
Colombia depende en gran medida de la generación hidroeléctrica. En condiciones normales, esta fuente permite atender una parte importante de la demanda con energía relativamente competitiva y renovable. Sin embargo, durante El Niño, la reducción de lluvias afecta los aportes a embalses y disminuye la capacidad de generación hidráulica.
Cuando los embalses bajan, el sistema debe apoyarse más en generación térmica a gas, carbón o combustibles líquidos. Esta transición operativa puede elevar costos y exigir mayor disponibilidad de combustibles, logística, contratos y liquidez de los agentes.
El País de España reportó en abril que expertos advertían que Colombia debía procurar embalses por encima del 80% antes del periodo seco y preparar plantas térmicas para operar a plena capacidad durante varios meses, precisamente para reducir el riesgo de racionamiento.
Gas natural, el otro frente crítico
El gas natural es uno de los factores que más preocupa al sector. Las plantas térmicas que operan con gas son esenciales para respaldar el sistema cuando baja la generación hidráulica, pero Colombia enfrenta un panorama de menor producción local y mayor necesidad de importaciones.
En ese contexto, Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgas, señaló que es necesario que entren en operación los proyectos de regasificación para garantizar la demanda de gas mediante importaciones. Según la dirigente gremial, si los embalses llegan a niveles críticos y no se toman medidas suficientes, podrían presentarse riesgos relevantes de apagón.
Naturgas también ha advertido que la terminal de regasificación SPEC LNG, ubicada en Cartagena, es infraestructura estratégica para anticiparse al Fenómeno de El Niño, especialmente porque permite recibir gas natural licuado importado y convertirlo nuevamente en gas para inyectarlo a la red.
SPEC, infraestructura clave para evitar mayor estrechez
La Sociedad Portuaria El Cayao (SPEC) es actualmente la principal infraestructura de regasificación del país. Su operación resulta clave porque, en periodos de alta demanda térmica, permite complementar el suministro nacional de gas con importaciones.
Las plantas de regasificación reciben gas natural licuado, es decir, en estado líquido, y lo convierten nuevamente a estado gaseoso para incorporarlo a la red de transporte y distribución. Este proceso permite abastecer plantas térmicas, industrias y otros usuarios cuando la oferta local no es suficiente.
Por eso, el mantenimiento de SPEC se ha convertido en un asunto de seguridad energética. Naturgas informó que la terminal anticipó actividades de mantenimiento durante cinco días a partir del 30 de julio, en medio de las alertas por El Niño y mayores temperaturas.
Afinia advierte probabilidad alta de racionamientos
Otra de las alertas provino de Ricardo Arango, gerente de Afinia, empresa del grupo EPM. Según explicó en entrevista el 12 de junio de 2026, existe una probabilidad alta de racionamientos porque hay un descalce entre la demanda de energía y la oferta firme disponible en Colombia.
Arango señaló que la compañía ha venido presentando propuestas al Gobierno Nacional para implementar programas de ahorro como “Apagar Paga”, una estrategia utilizada entre 2015 y 2016 para incentivar la reducción del consumo eléctrico.
Además, indicó que Afinia trabaja con el Grupo EPM para promover el uso racional de la energía entre los usuarios, una medida que puede ayudar a reducir presión sobre el sistema en momentos de estrechez.
La incertidumbre energética frena inversiones
Las advertencias del sector no se limitan al riesgo de cortes. También apuntan a los efectos económicos de la incertidumbre energética. Cuando no hay capacidad suficiente para conectar nueva demanda, los proyectos productivos pueden aplazarse, encarecerse o trasladarse a otras regiones.
La situación es especialmente sensible para industrias, centros de datos, proyectos logísticos y nuevas actividades intensivas en electricidad. La transición digital, la inteligencia artificial, la movilidad eléctrica y la industrialización requieren redes confiables y disponibilidad de energía.
Si el sistema no puede ofrecer nuevas conexiones en zonas de crecimiento, la consecuencia puede ser menor inversión, pérdida de empleos potenciales y freno al desarrollo económico regional.
El antecedente de 1992 vuelve al debate
Colombia ya vivió un episodio severo de racionamiento eléctrico entre 1992 y 1993, conocido popularmente como “El Apagón”. Ese antecedente sigue siendo una referencia obligada cada vez que el país enfrenta un Fenómeno de El Niño fuerte y embalses en niveles críticos.
De acuerdo con información de memoria histórica sobre ese periodo, el racionamiento inició el 2 de marzo de 1992 y se extendió hasta el 7 de febrero de 1993. En algunas zonas del Caribe los cortes llegaron a superar diez horas diarias, mientras que en San Andrés y Providencia alcanzaron hasta 18 horas.
Aunque el sistema eléctrico actual es distinto y cuenta con más herramientas de operación, generación y regulación, el recuerdo de 1992 muestra el costo económico y social de administrar tarde una crisis energética.
Costos económicos de un eventual racionamiento
Corficolombiana ha estimado que, tomando como referencia el apagón de 1992, cada hora de racionamiento podría representar pérdidas superiores a $5.600 millones de 2025. Este cálculo muestra que el impacto de un corte de energía no se limita a la incomodidad de los hogares.
La electricidad sostiene procesos industriales, comercio, servicios de salud, educación, telecomunicaciones, transporte, refrigeración, seguridad, sistemas digitales y operación pública. Por eso, una hora de racionamiento puede generar pérdidas económicas directas e indirectas en múltiples sectores.
Otros análisis han mostrado que escenarios de racionamiento más amplios podrían tener costos mucho mayores si se consideran jornadas completas, pérdida de productividad, daños en cadenas de frío, interrupción de servicios y caída de confianza empresarial.
La generación térmica necesita liquidez
Durante El Niño, las plantas térmicas se vuelven indispensables para cubrir los faltantes de generación hidroeléctrica. Sin embargo, estas empresas enfrentan sus propios retos: costos de combustibles, disponibilidad de gas, logística, mantenimiento y presión financiera por deudas de algunos agentes de la cadena.
Valora Analitik señala que algunos agentes del sector mantienen grandes deudas con las empresas térmicas, generando estrés de caja. Este punto es relevante porque, si las térmicas deben operar más horas pero no reciben pagos oportunos, su capacidad de respuesta puede verse afectada.
La confiabilidad del sistema no depende únicamente de que existan plantas instaladas. También requiere que esas plantas tengan combustible, contratos, permisos, liquidez y condiciones operativas para producir cuando el sistema lo demande.
El Niño expone vulnerabilidades estructurales
El Fenómeno de El Niño no crea todos los problemas del sistema energético, pero sí los hace más visibles. La reducción de lluvias revela la dependencia de la hidroelectricidad, la falta de nueva generación firme, los retrasos en transmisión, el déficit de gas y las dificultades financieras de algunos agentes.
Esta lectura coincide con análisis recientes de Asoenergía, que ha señalado que El Niño funciona como un espejo de las vulnerabilidades del sector. La discusión de fondo es cómo pasar de una regulación reactiva a una planificación que anticipe riesgos y permita resolver cuellos de botella antes de que se conviertan en crisis.
En este contexto, los gremios insisten en acelerar proyectos de generación y transmisión, garantizar gas, fortalecer infraestructura de regasificación, promover ahorro de energía y dar señales claras para inversión.
Programas de ahorro pueden ganar protagonismo
Si el riesgo de estrechez aumenta, los programas de ahorro energético podrían volver al centro de la política pública. Estrategias como “Apagar Paga” buscan incentivar a usuarios residenciales, comerciales e industriales a reducir consumo en periodos críticos.
La reducción voluntaria de demanda puede ayudar a preservar embalses, disminuir la necesidad de generación térmica costosa y moderar la presión sobre precios de bolsa. Sin embargo, su efectividad depende de una comunicación clara, incentivos bien diseñados y confianza de los usuarios.
Para hogares y empresas, medidas de eficiencia como iluminación LED, mantenimiento de equipos, control de aire acondicionado, gestión de motores y reducción de consumos innecesarios pueden convertirse en herramientas prácticas para bajar costos y apoyar la confiabilidad.
Red de transmisión, un cuello de botella estratégico
Uno de los puntos subrayados por Freddy Zuleta es que la infraestructura de transmisión no permite conectar todas las fuentes y demandas al mismo tiempo. Esto es crítico porque Colombia puede tener proyectos de generación en desarrollo, pero si no existen líneas suficientes, esa energía no llega a los centros de consumo.
La transmisión es el puente entre la generación y los usuarios. Cuando se retrasa, limita la entrada de plantas renovables, restringe nuevas conexiones industriales y puede aumentar los riesgos de congestión regional.
La generación eólica de La Guajira es un ejemplo de este desafío. El país ha esperado durante años que ese potencial se conecte al sistema nacional, pero las demoras en infraestructura y proyectos asociados han impedido que aporte en la magnitud prevista.
Una alerta que requiere acción coordinada
El riesgo de racionamiento bajo un Niño intenso no depende de una sola variable. Es el resultado de la interacción entre clima, embalses, transmisión, generación térmica, gas natural, deuda sectorial, demanda creciente e inversión rezagada.
Por eso, la respuesta debe ser coordinada entre Gobierno, CREG, UPME, XM, generadores, transportadores, comercializadores, empresas de gas, gremios y usuarios. Cada actor tiene un papel en la prevención de una crisis energética.
El Gobierno deberá asegurar combustibles y coordinación institucional; los reguladores deberán ajustar señales; los generadores deberán garantizar disponibilidad; los operadores de red deberán gestionar restricciones; y los usuarios deberán responder con ahorro y eficiencia cuando sea necesario.
Colombia aún puede reducir el riesgo
A pesar de las alertas, el escenario no está escrito. Colombia todavía puede reducir el riesgo si anticipa decisiones, mantiene embalses en niveles adecuados, asegura gas para térmicas, acelera proyectos de transmisión, fortalece la regasificación e implementa programas de ahorro.
La clave será actuar antes de que la fase más crítica de El Niño reduzca aún más los márgenes del sistema. Si las medidas se toman tarde, el país podría enfrentar mayores costos, precios de energía más altos, restricciones regionales o pérdida de inversión.
La advertencia de empresarios y gremios es clara: el riesgo energético no debe esperar a convertirse en emergencia. El Niño puede ser intenso, pero sus efectos dependerán de la capacidad del país para prepararse, coordinar el sistema y proteger la confiabilidad del suministro.
Bajo este panorama, Colombia enfrenta una prueba decisiva. Evitar racionamientos no dependerá únicamente del clima, sino de la velocidad con la que entren proyectos, de la disponibilidad de gas, de la operación de SPEC, de la fortaleza de las redes y de la capacidad institucional para tomar decisiones oportunas.

