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El boom global de las baterías ya supera los US$150.000 millones impulsado por vehículos eléctricos
Sector: Energía / Movilidad eléctrica
La Agencia Internacional de Energía destacó que el despliegue mundial de baterías de ion-litio en 2025 fue seis veces mayor frente a 2020.
Bogotá D.C., mayo de 2026. El mercado mundial de baterías de ion-litio superó los US$150.000 millones en 2025, consolidándose como uno de los sectores de mayor crecimiento dentro de la transición energética global. El avance ha sido impulsado principalmente por la expansión de los vehículos eléctricos y por la creciente necesidad de sistemas de almacenamiento energético para redes eléctricas, industrias y hogares.
De acuerdo con información destacada por la Agencia Internacional de Energía (IEA), el despliegue global de baterías de ion-litio fue seis veces mayor en 2025 frente a los niveles registrados en 2020. Este crecimiento confirma el papel estratégico de las baterías como tecnología clave para la electrificación del transporte, la integración de energías renovables y el respaldo de nuevas infraestructuras digitales.
El mercado mantiene un ritmo de expansión superior al 20% anual, reflejando una demanda cada vez más diversificada. Aunque los vehículos eléctricos siguen siendo el principal motor de crecimiento, las baterías también ganan protagonismo en sectores como almacenamiento estacionario, centros de datos, inteligencia artificial, defensa, robótica y sistemas de respaldo para operaciones críticas.
Vehículos eléctricos lideran la demanda mundial de baterías
Actualmente, más del 70% de la demanda global de baterías de ion-litio proviene de los vehículos eléctricos. Este segmento se consolidó como el principal impulsor de la industria, en medio de ventas récord y una adopción acelerada en mercados como China, Europa, Estados Unidos y otras economías emergentes.
La IEA señaló que uno de cada cuatro carros vendidos en el mundo durante 2025 fue eléctrico, una cifra que muestra el cambio estructural que atraviesa la industria automotriz. A medida que más fabricantes amplían sus portafolios de autos eléctricos, la demanda de baterías continúa escalando y obliga a fortalecer cadenas de suministro, producción de celdas, reciclaje y disponibilidad de minerales críticos.
Este crecimiento no solo responde a políticas de descarbonización, sino también a la reducción de costos y a los avances tecnológicos en autonomía, densidad energética y seguridad. La mejora en el desempeño de las baterías ha permitido que los vehículos eléctricos sean cada vez más competitivos frente a los automotores de combustión interna.
El almacenamiento energético gana terreno en redes eléctricas
Además del transporte, el almacenamiento energético se ha convertido en el segundo gran motor del mercado de baterías. Este segmento ya representa más del 15% del uso global de baterías de ion-litio, impulsado por la necesidad de estabilizar redes eléctricas y facilitar una mayor integración de fuentes renovables como la solar y la eólica.
Los sistemas de almacenamiento permiten guardar energía cuando hay alta generación renovable y entregarla cuando la demanda aumenta o cuando las condiciones climáticas reducen la producción. Por esta razón, las baterías se están convirtiendo en una herramienta fundamental para mejorar la flexibilidad, confiabilidad y seguridad de los sistemas eléctricos.
En países con una rápida expansión de energías limpias, el almacenamiento con baterías ayuda a reducir la dependencia de plantas de respaldo fósil y a gestionar mejor la variabilidad de la generación renovable. Esta función será cada vez más importante a medida que aumente la participación de tecnologías solares y eólicas en la matriz energética global.
Dispositivos electrónicos pierden participación frente a movilidad y energía
Uno de los cambios más relevantes del mercado es la caída en la participación de los dispositivos electrónicos portátiles. Mientras en 2015 cerca de la mitad de la demanda de baterías provenía de teléfonos, computadores y otros equipos de consumo, en 2025 este segmento cayó a menos del 5%.
Esta transformación evidencia que las baterías dejaron de ser una tecnología asociada principalmente a dispositivos personales para convertirse en una infraestructura esencial de la economía moderna. Hoy, su uso está cada vez más vinculado a movilidad eléctrica, redes energéticas, automatización industrial y respaldo de sistemas digitales.
La expansión de centros de datos y aplicaciones de inteligencia artificial también abre una nueva etapa para la industria. Estas infraestructuras demandan altos niveles de confiabilidad energética, por lo que las baterías se perfilan como una solución clave para respaldo, continuidad operativa y gestión eficiente de la electricidad.
Una tecnología estratégica para la transición energética
El auge de las baterías de ion-litio refleja una transformación profunda en la forma en que el mundo produce, almacena y consume energía. Su papel en vehículos eléctricos y almacenamiento estacionario las convierte en una pieza central para reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética y acelerar la transición hacia tecnologías limpias.
Sin embargo, el crecimiento acelerado también plantea retos. La industria deberá avanzar en diversificación de cadenas de suministro, reciclaje de baterías, reducción de dependencia de minerales críticos y desarrollo de tecnologías alternativas que permitan mantener la expansión sin generar nuevas vulnerabilidades.
Para América Latina y Colombia, el boom global de las baterías representa una oportunidad para impulsar nuevos negocios asociados a movilidad eléctrica, infraestructura de carga, almacenamiento energético, energías renovables y servicios de respaldo para industrias. A medida que los costos bajen y la tecnología madure, las baterías podrían convertirse en un componente cada vez más relevante dentro de la modernización energética regional.
Con un mercado que ya supera los US$150.000 millones y una demanda que continúa creciendo a doble dígito, las baterías de ion-litio se consolidan como una de las tecnologías más importantes de la economía limpia global. Su evolución marcará el ritmo de la movilidad eléctrica, la digitalización y la seguridad energética durante la próxima década.

