Foto tomada de: Valora Analitik
Bogotá enfrenta riesgos de restricciones de energía por freno a proyectos de transmisión
Sector: Energía / Transmisión eléctrica
El presidente del Grupo Energía Bogotá, Juan Ricardo Ortega, advirtió que la llegada de un Fenómeno de El Niño intenso, la falta de gas y los retrasos en líneas de transmisión podrían elevar el riesgo de restricciones energéticas en Bogotá y el centro del país.
Bogotá D.C., junio de 2026. Bogotá y el centro del país enfrentan nuevas alertas por la posibilidad de restricciones en el suministro de energía durante el primer trimestre de 2027, en medio de un escenario marcado por la llegada de un Fenómeno de El Niño intenso, limitaciones de gas natural y retrasos en proyectos estratégicos de transmisión eléctrica.
La advertencia fue realizada por Juan Ricardo Ortega, presidente del Grupo Energía Bogotá (GEB), quien señaló que el país no solo debe preocuparse por la capacidad de generación, sino también por la infraestructura necesaria para transportar la energía desde las fuentes hasta los centros de consumo.
De acuerdo con Valora Analitik, Ortega afirmó que Bogotá tendría una alta probabilidad de enfrentar restricciones de energía en algunos periodos del primer trimestre de 2027 si no se destraban los proyectos de transmisión. El directivo explicó que el problema combina baja hidrología, insuficiencia de gas, retrasos de generación y falta de líneas para traer energía hacia el oriente y el centro del país.
El diagnóstico coincide con otras alertas recientes del sector energético. En mayo de 2026, Caracol Radio reportó que Ortega ya había advertido que el riesgo de apagón era alto por la llegada de El Niño y por la necesidad de tomar decisiones rápidas en materia de infraestructura y seguridad energética.
El Niño intensifica la presión sobre embalses y generación
Ortega advirtió que el Fenómeno de El Niño que se aproxima podría ser uno de los más intensos de la historia. Este tipo de evento climático genera altas temperaturas, sequías, incendios y menor disponibilidad de agua en embalses, lo que afecta directamente la generación hidroeléctrica.
En Colombia, donde una parte relevante de la electricidad proviene de fuentes hidráulicas, mantener los embalses en niveles adecuados resulta fundamental. El presidente del GEB señaló que las represas deberían conservar niveles cercanos al 80% para enfrentar el fenómeno climático con mayor margen de seguridad.
Si los embalses caen, el sistema debe recurrir con más fuerza a plantas térmicas que operan con gas, carbón o combustibles líquidos. Esa sustitución puede aumentar precios, elevar presión sobre combustibles y exigir mayor disponibilidad operativa de las centrales térmicas.
Gas natural: déficit y logística limitada hacia el interior
Uno de los puntos centrales de la advertencia es el gas natural. Ortega señaló que Colombia enfrenta restricciones para llevar suficiente gas hacia el interior del país, donde se concentra una parte importante de la demanda energética e industrial.
Según explicó, la infraestructura de gas del país tiene una conexión débil entre el Caribe y el centro. Aunque el Caribe cuenta con acceso a infraestructura de importación y suministro, el transporte hacia el interior tiene una capacidad limitada. Ortega afirmó que la conexión permite movilizar hasta 160 millones de pies cúbicos diarios, mientras que el faltante en el interior sería de 260 millones de pies cúbicos diarios.
Este desbalance es crítico porque, durante El Niño, las plantas térmicas del interior pueden requerir más gas para respaldar al sistema eléctrico. Si el combustible no llega en volumen suficiente o llega a costos elevados, la seguridad energética y los precios pueden verse afectados.
Transmisión eléctrica, el cuello de botella para Bogotá
Además del gas, el otro cuello de botella es la transmisión eléctrica. Ortega señaló que varios proyectos de transmisión enfrentan obstáculos por falta de consensos con otros actores, lo que ha retrasado su ejecución y limita la capacidad de transportar energía hacia Bogotá y el oriente del país.
La transmisión es la columna vertebral del sistema eléctrico. No basta con que existan plantas de generación en diferentes regiones si no hay líneas suficientes para llevar esa energía hasta los centros de consumo. En ese sentido, Bogotá puede enfrentar restricciones incluso si el país cuenta con recursos energéticos disponibles en otras zonas.
Valora Analitik reportó que, según Ortega, la falta de desarrollo de proyectos de transmisión impediría transportar de manera adecuada energía desde Hidroituango, el norte del país o Sogamoso hacia otras regiones. Esa limitación eleva la vulnerabilidad de Bogotá, Guaviare, Meta y el centro del país.
Líneas frenadas por conflictos y desinformación
Ortega también se refirió a las dificultades sociales y jurídicas que enfrentan algunos proyectos de transmisión. Según el directivo, hay personas que, por desconocimiento técnico o falta de ética, afirman que las torres de transmisión generan leucemia, pese a que los estudios disponibles no respaldan esa afirmación en los términos planteados.
El presidente del GEB criticó que este tipo de argumentos terminen en tutelas, suspensiones de licencias y retrasos de proyectos estratégicos. En su opinión, la desinformación alrededor de la infraestructura eléctrica puede tener consecuencias graves para la seguridad energética del país.
La preocupación de fondo es que cada proyecto detenido reduce la capacidad del sistema para responder a nuevas demandas, conectar generación renovable, atender contingencias y transportar electricidad hacia zonas críticas.
Hidroituango, La Guajira y Sogamoso no bastan sin líneas
El debate sobre transmisión también involucra grandes fuentes de generación. Hidroituango, la generación eólica que podría venir de La Guajira y la energía de Sogamoso son recursos relevantes para el sistema, pero su impacto depende de la capacidad de conexión y transporte.
Si las líneas no están listas, la energía no puede desplazarse con la flexibilidad necesaria hacia los centros de consumo. Esto significa que el país puede tener potencial de generación y, al mismo tiempo, restricciones regionales por falta de redes.
La situación de La Guajira es especialmente ilustrativa. Durante años, el país ha esperado que sus proyectos eólicos aporten energía limpia al sistema, pero retrasos de transmisión, licenciamiento, consultas y conflictos territoriales han impedido que esa capacidad se materialice a tiempo.
Bogotá, Meta y Guaviare en la zona de preocupación
Ortega señaló que el problema de transmisión afecta al oriente y centro del país, incluyendo zonas como Bogotá, Meta y Guaviare. Estas regiones dependen de una red capaz de traer energía desde diferentes fuentes y soportar una demanda creciente.
En Bogotá, el riesgo adquiere una dimensión especial por la concentración de población, actividad económica, industria, comercio, servicios, infraestructura pública, hospitales, universidades y centros de datos. Una restricción energética en la capital tendría impactos mucho más amplios que una interrupción localizada.
Además, la ciudad y su región metropolitana concentran nueva demanda eléctrica asociada a construcción, movilidad, digitalización, refrigeración, comercio y proyectos empresariales. Si la red no se expande al ritmo necesario, el crecimiento puede verse limitado.
Restricciones no son solo apagones
El riesgo de restricciones no debe entenderse únicamente como apagones masivos. También puede expresarse en menor capacidad para conectar nuevos usuarios, negar disponibilidades de servicio, aplazar proyectos industriales o limitar expansiones empresariales.
Este punto ha sido reiterado por directivos del sector: muchos usuarios conectados siguen recibiendo energía normalmente, pero proyectos de crecimiento, data centers, industrias y nuevas cargas pueden enfrentar barreras por falta de capacidad en redes.
La consecuencia económica es importante. Si una empresa no puede conectarse o ampliar su demanda eléctrica, puede postergar inversiones, reducir planes de expansión o buscar otras regiones con mayor disponibilidad energética.
GEB propone soluciones frente al déficit de gas
El Grupo Energía Bogotá, a través de su filial Transportadora de Gas Internacional (TGI), ha planteado propuestas para enfrentar el riesgo de desabastecimiento de gas natural desde 2027. En comunicados previos, el GEB señaló que cuenta con una solución técnica y financiera para reforzar el suministro y transportar gas hacia zonas deficitarias.
La propuesta busca responder a un problema estructural: la demanda de gas del interior del país puede superar la capacidad disponible de transporte desde zonas con suministro. Si no se amplía esa infraestructura, el sistema térmico y la industria podrían enfrentar restricciones.
En un escenario de El Niño, el gas deja de ser un asunto únicamente industrial y se convierte en un elemento clave para la confiabilidad eléctrica. Sin gas suficiente, las térmicas tienen menos capacidad para respaldar la caída de la generación hidráulica.
Riesgo de precios más altos
Las restricciones de gas y transmisión también pueden traducirse en precios más altos. Cuando el sistema no puede usar las fuentes más eficientes o debe depender de generación térmica más costosa, el precio de bolsa de energía tiende a subir.
En semanas recientes, el sector ha advertido que el precio de energía en bolsa podría ubicarse entre $900 y $1.000 por kilovatio hora durante los momentos más críticos de El Niño si los embalses bajan y las térmicas no logran cubrir la demanda con suficiente disponibilidad.
Para usuarios residenciales, comerciales e industriales, esto puede convertirse en presión tarifaria si el estrés del mercado se mantiene durante varios meses. Aunque los contratos y la regulación moderan el traslado inmediato, un periodo prolongado de precios altos puede impactar el costo final del servicio.
El Niño como prueba de estrés para la infraestructura
El Fenómeno de El Niño funciona como una prueba de estrés para el sistema energético. En condiciones normales, los problemas de transmisión, gas o generación pueden parecer manejables. Pero cuando bajan los embalses y aumenta la demanda por calor, cualquier retraso se vuelve más crítico.
Por eso, Ortega insiste en que la discusión no debe limitarse a si hay suficiente energía instalada, sino a si el sistema puede llevarla a donde se necesita, en el momento en que se requiere y con combustibles disponibles para respaldarla.
La confiabilidad depende de una cadena completa: generación, transmisión, distribución, gas, combustibles, regulación, licencias, comunidades, financiación y operación. Si uno de esos eslabones falla, el riesgo se traslada al usuario final.
Proyectos detenidos y seguridad energética
El freno a proyectos de transmisión muestra una tensión recurrente en Colombia: la necesidad de construir infraestructura estratégica frente a conflictos sociales, ambientales, jurídicos y territoriales. Las líneas eléctricas son indispensables, pero muchas veces enfrentan oposición local, demoras de licenciamiento y procesos judiciales.
Resolver esta tensión exige diálogo, información técnica, compensaciones adecuadas, participación ciudadana y decisiones institucionales oportunas. Sin consenso, los proyectos se demoran; pero sin proyectos, la seguridad energética se deteriora.
El riesgo para Bogotá refleja precisamente esa contradicción. La capital necesita energía confiable para sostener su crecimiento, pero la infraestructura que permite traer esa energía enfrenta retrasos y oposición.
Una advertencia para el primer trimestre de 2027
Según Ortega, Bogotá tendría una alta probabilidad de enfrentar restricciones de energía en algunos periodos del primer trimestre de 2027. Esa ventana coincide con la fase en la que podrían sentirse con más fuerza los efectos de El Niño sobre embalses, demanda y generación térmica.
El primer trimestre suele ser sensible porque el país puede llegar con menor disponibilidad hídrica después de meses de altas temperaturas y bajas precipitaciones. Si a eso se suman restricciones de gas y transmisión, el riesgo se multiplica.
La advertencia no significa que las restricciones sean inevitables. Pero sí indica que el sistema necesita decisiones rápidas para reducir vulnerabilidades antes de que el margen de maniobra se cierre.
¿Qué tendría que hacerse?
Las medidas urgentes incluyen destrabar proyectos de transmisión, fortalecer la logística de gas hacia el interior, garantizar disponibilidad térmica, mantener embalses en niveles adecuados, acelerar generación estratégica y activar señales de ahorro de energía.
También será necesario mejorar la comunicación con comunidades donde se construyen líneas eléctricas, combatir desinformación técnica, agilizar trámites sin debilitar estándares ambientales y asegurar que los proyectos críticos cuenten con respaldo institucional.
Para Bogotá, la prioridad será ampliar capacidad de suministro y conexión antes de que la demanda siga creciendo. La ciudad necesita energía no solo para los usuarios actuales, sino para nuevos desarrollos económicos, tecnológicos e industriales.
Bogotá necesita transmisión, gas y generación confiable
La alerta del presidente del GEB muestra que la seguridad energética de Bogotá depende de varios frentes simultáneos. No basta con que existan represas llenas, ni con que haya generación en otras regiones, ni con importar gas si no se puede transportar hacia el interior.
El sistema requiere una visión integrada. La energía debe generarse, transportarse, respaldarse con combustibles y distribuirse con calidad. Además, los proyectos que hacen posible esa cadena deben ejecutarse a tiempo.
En medio de un Fenómeno de El Niño que podría presionar embalses y térmicas, los retrasos en transmisión se convierten en un riesgo para la capital. La advertencia de Ortega pone el foco en una realidad estructural: la confiabilidad eléctrica no depende solo de producir energía, sino de llevarla oportunamente hasta donde más se necesita.
Si Colombia logra destrabar líneas, asegurar gas y coordinar la operación del sistema, el riesgo para Bogotá podría reducirse. Si las decisiones se aplazan, el primer trimestre de 2027 podría encontrar a la capital y al centro del país con menos capacidad de respuesta frente a la demanda y a los efectos de El Niño.

